La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

31 de enero de 2015

Rebelarse vende


"Rebelarse vende: El negocio de la contracultura" es un libro escrito por los canadienses Joseph Heath y Andrew Potter en 2004, cuya idea principal es que los movimientos sociales contraculturales no sólo han fallado en su intento por cambiar la sociedad, sino que, queriéndolo o no, se han convertido en un apéndice del sistema capitalista.

Primero, vamos a definir "contracultura":
La contracultura son los valores, tendencias y formas sociales opuestos a los establecidos en una sociedad.[...] Aunque hay tendencias contraculturales en todas las sociedades, el término contracultura se usa para referirse a un movimiento organizado cuya acción influye a las masas y persiste durante un período considerable. Así pues, una contracultura es la realización de las aspiraciones de un grupo social marginal. Ejemplos: el romanticismo del siglo XIX, la bohemia que se inicia en el siglo XIX y dura hasta hoy, la Generación Beat estadounidense de los años cincuenta, los movimientos contraculturales de los sesenta, influidos por la Generación Beat, el movimiento hippie nacido en los años 60 en Estados Unidos y el movimiento punk de finales de los setenta hasta hoy. La palabra puede entenderse en dos sentidos: por una parte, constituye una ofensiva contra la cultura predominante; por otra parte, es una "cultura a la contra" que permanece (al menos en un primer momento) al margen del mercado y los medios de formación de masas, en el underground. 
FUENTE: Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Contracultura
Según los autores, el principal error de los movimientos contraculturales, bien sean punks, hippies, skaters, movimientos antiglobalización, ecologistas, rastafaris, rockeros, etc, es pensar que el sistema capitalista empuja a las personas a una especie de conformidad consumista absoluta, es decir, a usar todos la misma ropa, el mismo peinado, los mismos artefactos electrónicos, etc. Sin embargo, ellos señalan que el verdadero motor del sistema capitalista no es el conformismo, sino la necesidad de la gente de destacar y de expresar individualidad. Ahí es donde entra la rebeldía, que desde los años 60, especialmente durante el movimiento de los hippies, complace esa necesidad de distinción que necesita la gente. Pantalones rasgados, peinados extraños, comida extravagante, artículos reciclados y/o ecológicos, música estridente, todo forma de los aportes inconscientes que han hecho los movimientos contraculturales para el mantenimiento del capitalismo.

Ahora bien, los autores señalan con cierta razón que la base del capitalismo es la competencia y no la conformidad, por lo que esa necesidad de destacar que se manifiesta a través de la rebeldía, nos empuja a consumir productos diferentes a los que consume el resto de las masas. Sin embargo, no soy de los que comparte plenamente esta opinión, según lo que expresa Erich Fromm:
La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individuales, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos -y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-. El consenso de todos sirve como prueba de la corrección de sus ideas. Puesto que aún tiene necesidad de sentir alguna, individualidad, tal necesidad se satisface en lo relativo a diferencia menores; las iniciales en la cartera o en la camisa, la afiliación al partido demócrata en lugar del Republicano, a los Elks en vez de los Shriners, se convierte en la expresión de las diferencias individuales. El lema publicitario "Es distinto" nos demuestra esa patética necesidad de diferencia, cuando, en realidad, casi no existe ninguno. (Libro "Arte de Hay un comentario interesante de los autores sobre el uniforme. Normalmente, dentro la teoría contracultural, los uniformes se hacen con la intención de asesinar la voluntad de los individuos y adaptarlos a los requerimientos del sistema dominante. Puede que eso ocurra en ciertos casos, pero no es la regla. Por el mero hecho de usar uniforme no quiere decir que he dejado de pensar autónomamente. Todo lo contrario, señalan los autores, el uniforme evita la lucha competitiva de destacar, evitando así el consumismo. Al usar uniformes, se evita que, por ejemplo, los chicos en la escuela gasten grandes cantidades de ropa para resaltar sobre el resto.Amar")
Las diferencias que se generan dentro de la sociedad de consumo no son diferencias considerables sino cosméticas, como un celular de color diferente, estampar una calcomanía en vez del diseño habitual, rines brillantes en los carros en lugar de los de fábrica, etc.

De igual manera, la necesidad de destacar de estos movimientos contraculturales los convierte, incluso, hasta en movimientos elitescos. Puede que no sea su intención, pero esa necesidad de ser diferente de las masas es una cierta demostración de superioridad, y todos aquellos que son diferentes son los oprimidos o dominados, siendo tales por ignorancia o su falta de entendimiento del sistema. Puede que ciertamente las masas sean ciertamente ignorantes y oprimidas sin siquiera darse cuenta, pero los pensadores y activistas contraculturales, en cuanto viven e intentan sobrevivir en la sociedad imperante, no dejan de ser oprimidos e, incluso, puede que hayan situaciones de opresión de las que ni siquiera se ha percatado.

Hay un comentario interesante de los autores sobre el uniforme. Normalmente, dentro la teoría contracultural, los uniformes se hacen con la intención de asesinar la voluntad de los individuos y adaptarlos a los requerimientos del sistema dominante. Puede que eso ocurra en ciertos casos, pero no es la regla. Por el mero hecho de usar uniforme no quiere decir que he dejado de pensar autónomamente. Todo lo contrario, señalan los autores, el uniforme evita la lucha competitiva de destacar, evitando así el consumismo. Al usar uniformes, se evita que, por ejemplo, los chicos en la escuela gasten grandes cantidades de ropa para resaltar sobre el resto. En este sentido, como aporte personal, considero que los movimientos contraculturales suelen tener gran parte de su sustento en hechos estéticos (de como me veo) y no de fondo (de como soy). Suelo notar que la gran mayoría de los anarquistas forman parte del movimiento punk, pero siempre he encontrado contradictorio el punk porque es una moda. Si tomamos la definición de moda de las matemáticas: "medida estadística que representa al valor más repetido", entonces si dentro de un grupo de punks, hay mayoría de ropa negra, uso de cadenas, de puas, etc, entonces son una moda. Moda de una minoría, pero moda al fin. Inclusive, medidas como los tatuajes se suelen considerar como una demostración de individualidad, pero en otras culturas y subculturas, los tatuajes se realizan con la intención de demostrar que se quiere formar parte del grupo (por ejemplo, bandas criminales como los Yakuza o los Mara; o hasta pueblos indígenas u otras tribus)... Por supuesto, no de cualquier grupo, sino de un grupo selecto.

Eso sí, con respecto a los autores, no concuerdo en su justificación del Estado. Podemos concordar en la necesidad de reglas, pero las reglas no tienen porqué surgir de una autoridad. Las reglas pueden originarse en el consenso de la sociedad, lo cual puede que sea un concepto irónicamente extraño para quienes dicen vivir en una democracia.

Este post no es para despotricar contra los movimientos contraculturales, sino más bien para llamarlos a la reflexión. Inclusive, íconos de la contracultura, como Kurt Cobain, Rage Against the Machine, Noam Chomsky, etc, al volverse excesivamente populares, se convirtieron en marcas que proporcionan grandes ganancias a las empresas. No hay forma de vivir fuera del sistema mientras se vive en el sistema... Hasta el mismo Bakunin en su momento llegó a apoyar al Estado ruso y francés para luchar contra Alemania, en la que pudiera ser su más grande contradicción.

Para quien quiera leer el libro, se lo dejo por aquí.

"El capitalismo está muerto"

18 de enero de 2015

Poesía sin policía


He escrito mi primer libro y su nombre es "Poesía sin policía". Aunque anteriormente ya había escrito un manual para publicación de blogs, pero sencillamente ese no lo considero un libro.

Poesía sin policía es una recopilación de poemas que he escrito a lo largo de 5 años, entre 2008 y 2013. Es un libro autoeditado, gratuito y de libre distribución, sin ningún tipo de atadura de derecho de autor. Eres libre de copiarlo, imprimirlo, compartirlo o lo que quieras.

Los poemas son de diversas temáticas, desde lo político hasta lo romántico y, por supuesto, como todo buen arte, desde un punto muy personal.

El libro se encuentra disponible de manera digital por aquí.

Para los que les gusta leer los libros en sus propias manos, también existe la posibilidad de adquirirlo en físico, sin embargo, eso tiene un costo. Intenté que el precio fuera lo más bajo posible, lo suficiente para cubrir su costo de producción.

Por ahora he utilizado dos plataformas para distribuir el libro:

  • Amazon (Disponible por aquí) y CreateSpace (Disponible por aquí). Precio: $6 dólares de Estados Unidos
  • AutoresEditores:  (Disponible por aquí). Precios: Bs.F 92,10 (Venezuela); $ 27.600,00 (Colombia); Ars$ 87,00 (Argentina); €11,60 (España); MX$ 213,00 (México); S/. 43,10 (Perú); US$ 14,50 (para el resto de los países).
Para los países con control de cambio, deben tomar sus previsiones al momento de comprar. En el caso venezolano, comprar tanto en Amazon como AutoresEditores implica el uso del cupo electrónico de divisas, a pesar de que pudiera aparecer el precio en bolívares.

Si deciden leerlo, estoy abierto a sus comentarios.

1 de enero de 2015

El Capitalismo Amigable: "Estados socialistas"


Una manera de perpetuar el capitalismo es a través de proyectos sociales. Pero como siempre, todo es mejor con un ejemplo: ¿Quien inventó la seguridad social? Un sujeto de derecha. Su nombre era Otto von Bismarck, Canciller de Prusia y creador del II Reich de Alemania en 1871, quien para evitar el canto seductor de los comunistas y anarquistas del momento, promovió el bienestar de los trabajadores creando por primera vez el sistema de seguridad social, pero bajo el mismo modelo económico de siempre (capitalismo) y, probablemente, lo hizo más eficiente ("Trabajador contento, mejor trabajo"). Bismarck era un notable conservador y para nada cercano a la izquierda, y sin embargo, por medidas como éstas sería tachado de socialista por algunos que no estaban con ellas. Pero Bismarck, también notablemente más inteligente que el resto de los conservadores, notó que el método más efectivo de evitar cambios es mantener a la gente contenta ("Pan y circo").

Lo mismo ocurrió con Juan Domingo Perón, quien con su marcado acento ideológico conservador (derecha), promovía el asistencialismo y cierto sindicalismo entre las masas, y cuya ilusión de mejora de oportunidades evitaba cualquier escenario verdaderamente revolucionario.

Pero la cosa ya no parece tan evidente con los gobiernos abiertamente auto declarados como de izquierda, con excepción, por supuesto, del caso chino, que es un "neoliberalismo salvaje". Los casos venezolano, boliviano, nicaragüense, entre otros con una gran retórica de izquierda y anti-imperialista, ¿Representan ellos realmente un rompimiento del sistema establecido? ¿O son una perpetuación del mismo? En ellos, inclusive en Cuba, persiste el capital, persisten las clases sociales, las relaciones de explotación y las jerarquías machistas y capitalistas. La única gran diferencia entre un "Estado liberal" y un "estado socialista" es el nivel de intervención del Estado en la economía, pero es el mismo sistema económico de siempre. Es como cambiar a un esclavista sádico por un esclavista simpático: la misma relación de explotación pero más amigable.

Irónicamente, y pareciera una regla general, entre más extremista es el discurso de izquierda de los gobiernos, más posibilidades hay de que criminalicen al funcionario público que exige su pago de salario o mejores condiciones laborales, lo que los hace complices del sistema. Inclusive, las prácticas económicas restrictivas que suelen aplicar los gobiernos de izquierda, generan una situación de monopolio/oligopolio: dado que no es fácil avanzar en esos mercados por las medidas burocráticas, sólo las empresas grandes son capaces de sobrevivir, lo que las beneficia (porque el gobierno les elimina la competencia) y, a la vez, fomenta precios altos (ante la poca competencia, las empresas no se ven obligadas a bajar los precios), perjudicando a los ciudadanos (Ej: caso Venezuela).

En este sentido, aunque suene fatalista, dentro del capitalismo, las buenas intenciones no ayudan a eliminar el capitalismo. Dicho de otro modo, y seguramente a no todos les gustará: Lo mejor para lograr la revolución es un gobierno de derechas. Un gobierno de "izquierdas" no hace más que frenar la voluntad de cambio mediante medidas asistencialistas que apaciguan el instinto de cambio radical. Los gobiernos de derecha, al crear medidas impopulares, generan sentimientos de cambio que a la vez generan organización social, tal como fueron los movimientos de Occupy Wall Street, los indignados, los estudiantes chilenos, etc., etc. La población se moviliza contra un enemigo en común.

En fin, en lo personal, considero que para la lucha social y lograr un verdadero cambio social, es mejor cuando ganan los gobiernos de derechas.

2015: Capítulo 1


En 8 años, nunca había abandonado tanto el blog como ahora. Por ello, en este comienzo de año, una de mis metas será revivirlo.

Los últimos meses para mi han sido algo pesados, con mucho trabajo y poco tiempo libre. Ni siquiera tengo muchas facilidades, porque Blogger se encuentra bloqueado en mi oficina, pero no os preocupéis, que ya conseguí como burlar el proxy del trabajo mediante el navegador Tor (maravilla de navegador).

De todos modos, mi principal rival es el tiempo, y el tiempo libre que tengo lo uso para descansar (escribir un blog es un trabajo no remunerado). También tengo en mente otros proyectos: realizar talleres y empezar una ONG y una revista sobre política internacional, pero para las que no tengo mucho apuro.

Mi actual trabajo consume mucho de mi tiempo y esfuerzo, y las retribuciones no son las mejores que se diga.

Lo mejor del 2014 fue la paliza que recibió Brasil en el Mundial, y lo peor son tantas que no puedo enumerarlas. Sin embargo, mi gran expectativa para el 2015... es tener mi propio aeropatín como en Volver al Futuro.


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