La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

31 de diciembre de 2018

Antes de la medianoche


Antes de la medianoche de hoy, te invito a crear nuevas tradiciones: estrena, no ropa, sino ideas nuevas; come un plato entero de Cortázar y doce versos de Benedetti; mete tus prejuicios en una maleta y sácale a pasear (para siempre); viste con ropa interior multicolor a tu mente y al corazón; móntate en una silla y repudia en voz alta las injusticias; barre -al menos-, hasta el portón de tu casa, porque si cada quien lo hace la ciudad estaría limpia; rompe las copas del miedo y atrévete a hacer y ser lo imposible; cierra ciclos todos los días y reinvéntate cada vez que salga el sol; cuestiona y rebélate, porque hasta a Cristo lo crucificaron por preguntón; y ofrécele al mundo, no buenos deseos porque eso no sirve de nada, sino tus habilidades y buena disposición. Y que ello no sea sólo por este mísero año que viene, sino hasta el dos mil siempre.

25 de diciembre de 2018

Mentir para hacer (y ser) feliz


Yo defino la poesía como una sarta de mentiras dichas con el corazón. ¿Por qué? Porque es absurdo que yo me pueda perder en el infinito de tus ojos negros. Y es que la poesía utiliza mentiras para decir la realidad; mientras que la vulgar mentira pretende ocultarla. Y muchas de esas mentiras que ocultan la realidad es con una intención aparentemente noble, pero, como dice el dicho, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Hace algunas semanas me impactó el relato de una mujer japonesa que contrató a un hombre para que fingiera ser el padre de su hija[1]. Resulta que, en Japón, los hijos de familias monoparentales a menudo resultan estigmatizados. De esa manera, con el tiempo, la niña se deprimió tanto que se negaba a ir al colegio. En el desespero para hacer feliz a su niña, consultó a una "agencia de alquiler de familiares", los cuales se encargan -normalmente- de enviar a un actor para fingir ser un invitado en una boda o salir en una cita, pero esta vez para ver si podían proveerla de un falso padre para su hija. Después de un tiempo, la niña se volvió mucho más alegre y extrovertida, estaba animada e incluso quería regresar a la escuela. Así que, supongo: ¡Todo eso valió la pena! ¿No?

Pero ese no es el primer ni único ejemplo de una mentira para hacer feliz a alguien que amamos. Hace algunos días, escuché la conversación entre dos madres sobre el asunto del "Niño Jesús". Ante la crisis económica en Venezuela, una de ellas se planteó la posibilidad de contarle la verdad a su hija, porque sencillamente no tiene los recursos para comprarle un regalo. Más vale que no, porque ello sorprendió a la mayoría de los presentes, desanimándola a hacerlo. Al parecer, el criterio general es el de mantener la ilusión de los niños y, por lo tanto, sostener la mentira el mayor tiempo posible.

Y si de mentiras se trata, no puede faltar la religión. George Bernard Shaw apuntó que "El hecho de que un creyente pueda ser más feliz que un escéptico es tan cierto como decir que el borracho es más feliz que el hombre sobrio". De hecho, diversos estudios afirman que la gente religiosa es más feliz que la atea. En gran parte, ello se debe a que el aspecto social en el que hace vida a una persona religiosa hace que se sienta más dichosa. Cuando un creyente va a la iglesia, construye vínculos con los demás miembros de la congregación que generan bienestar al individuo[2]. De igual manera, la creencia en un ser protector, que dice tener el suficiente poder para controlar el universo y que, convenientemente, nos ama, nos ayuda a reducir la ansiedad de la incertidumbre de un mundo el cual no podemos controlar. Incluso, psicólogos del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Toronto Scarabough de Canadá han descubierto que las personas que profesan una profunda fe en Dios muestran una actividad menor en el área del cerebro denominada córtex del cíngulo anterior, responsable de las reacciones corporales de excitación asociadas al estrés[3]. Vale la pena preguntarse, ¿Dios en verdad existe o sólo queremos que exista por ello nos hace sentir mejor?

Ahora viajemos en el tiempo hasta la Alemania Nazi. Ahí había una creencia muy común que decía: "Si sólo Hitler lo supiera"[4]. Y esto hacía referencia a la desconfianza que tenía la población en los allegados al Führer. De hecho, muchas personas del pueblo alemán, que amaban a Hitler, sostenían que él desconocía las muchas cosas terribles que ocurrían en el país, pero que los altos funcionarios que lo rodeaban lo tenían apartado de la realidad. De este modo, para los ojos de muchas personas, Hitler no tenía la responsabilidad de muchas cosas que ocurrían, y que si se enterara, les pondría fin. Esa es una clara consecuencia del culto a la personalidad en torno a Hitler, que hacía que la gente fuera incapaz de verlo como un ser capaz de hacer crueldades o cosas perjudiciales. Tales aseveraciones se escucharon con otros líderes mundiales que disfrutaron del culto a la personalidad, y más actualmente se pudo ver en los casos más recientes de Hugo Chávez y Donald Trump[5], cuyos seguidores excusaban o excusan muchos de sus controversiales comportamientos. Así que vale la pena hacerse otra pregunta: ¿De verdad Hitler no sabía nada o sólo es una mentira que se dijeron algunos para no perder la ilusión en un líder carismático que logró empatizar con el pueblo alemán?

Ahora saltemos a la literatura. "Un mundo feliz" es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, en la cual describe una distopía que anticipa el desarrollo de la tecnología reproductiva, el manejo de las emociones por medio de drogas que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. En el mundo de Huxley, la guerra y la pobreza han sido erradicadas, la gente es saludable, avanzada tecnológicamente, libres sexualmente y todos son siempre felices; sin embargo, ello tiene un precio, pues la humanidad es ordenada en castas donde cada uno sabe y acepta su lugar en el engranaje social, y la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor, han sido eliminados. Así, Huxley nos revela, en una aterradora predicción, hasta donde nos lleva esa necesidad obsesiva con la felicidad y todo lo que destruimos en el camino para ser felices.

Buscar la felicidad es siempre una cosa egoísta, porque básicamente trata sobre incidir positivamente en el estado de ánimo de uno mismo. Ser egoísta no es necesariamente malo, pero cuando nos importa más ser felices que la verdad y la felicidad ajena, es cuando empiezan los problemas. Cuando le mentimos a nuestros hijos sobre un ser mágico y especial, no es realmente por su bienestar, sino por el nuestro, porque verlo con la ilusión de un ser mágico nos hace recordar cuando eramos niños y la vida era más simple y bella. Pero, ¿Es necesario mentirle al niño para que sepa lo que es soñar? ¿Acaso los niños dejan de jugar a ser magos cuando les decimos que Harry Potter no existe? ¿Dejamos de querer ser superhéroes cuando nos dijeron que Superman no existe?

La cuestión con la verdad es que ella es objetiva, no tiene la intención de complacer a nadie, y se presenta como hechos y cifras que son, en muchos casos, duras, crueles y dolorosas. Por eso mentimos. Pero todo esto no es un gran descubrimiento, pues hay un dicho popular que dice: "Ojos que no ven, corazón que no siente". Lo cual se puede traducir como: la ignorancia es felicidad. Por eso, algo de razón tiene aquel adagio que dice "Si suena demasiado bueno para ser verdad, probablemente sea falso".

Quizás es la felicidad la que está sobrevalorada. A veces es necesario sentirse miserable, porque ese es el verdadero motor del cambio, lo que ha impulsado a lo largo de la historia los cambios políticos, sociales, económicos y tecnológicos que disfrutamos en la actualidad, porque es la infelicidad lo que nos hace querer estar, ser y vivir mejor. ¿Viste la película "Intensa-mente"? Ahí aprendimos lo malo que es privar a la gente de la tristeza.

Notas:
  1. BBC Mundo. "Contrato a un hombre para que finja ser el padre de mi hija". Disponible por: https://www.bbc.com/mundo/noticias-46288434
  2. El País. "Las personas religiosas son más felices, pero menos inteligentes". Disponible por: https://elpais.com/elpais/2016/03/10/buenavida/1457611124_400472.html
  3. Ídem.
  4. Financial Times. "Springtime for tyrants". Disponible por: https://www.ft.com/content/bd2a6e1c-6faa-11e0-952c-00144feabdc0
  5. The Atlantic. "The ‘To Be Sure’ Conservatives". Disponible por: https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2018/07/to-be-sure/565094/

2 de diciembre de 2018

Esta es mi lucha


¿De dónde saca la gente
que uno de viejo no ama?
¿Qué sólo se ama de frente
y no arrullado en la oscuridad?

¿De dónde saca la gente
que los magullados no aman?
Que uno no ama la vida,
si no brincamos del mismo puente.

Esta es mi lucha contra el mundo,
de que si hay amor en tiempos de crisis.
Que el amor no es cosa de niños,
sino de aquellos que luchan
y que han hecho suyo el ahora.

Premio


Yo honestamente creo
Que me merezco un premio
Por buen comportamiento.

Que sea un trillón de abrazos
Y no un chancletazo.
Que sea verte más tiempo
Y no un par de minutos.

Que me dejes escribirte un poema
Mientras me narras tus problemas.
Que me cuentes tus historias
Y hacerme parte de ellas.

O conversar sin mirar la hora,
Sobre el costo de la vida,
Sobre filosofía o lo que sea,
Con tal que contigo sea.

O ver la sonrisa junto a los ojos verdes.
Razón por la que a veces digo estupideces,
Porque me encanta saber que ríes,
Aunque hacerte reír sin verte duele.

Yo honestamente creo
Que me merezco un premio.
No sé.... Algo así como
Que me abandonen contigo en el desierto.

1 de diciembre de 2018

La Teoría de los Bonobos

Los homo sapiens y los bonobos comparten un 98% de sus genoma (Imagen: Kevin Langergraber)
En mi época de estudiante se me ocurrió, en tono jocoso pero en serio, la "Teoría de los bonobos". ¿Qué dice esta teoría? Dice que si queremos una sociedad pacífica, debemos dar igualdad a la mujer y fomentar la apertura sexual. Considero que esta teoría no ha perdido su vigencia y cada vez hay más información que la demuestra.

Pero primero, ¿Qué es un bonobo? El bonobo (Pan paniscus), también llamado chimpancé pigmeo, es una de las dos especies que componen el género de los chimpancés, Pan. La otra especie del género, la más conocida, es el chimpancé común (Pan troglodytes). A simple vista, la diferencia es que el bonobo es más pequeño que el chimpancé común.

Ahora bien, la gran diferencia entre ambas especies estriba en su organización social. Los chimpancés común, tienen sociedades organizadas patriarcalmente, donde el macho tiene una mayor preponderancia. Esas sociedades son espeluznantemente parecidas a las sociedades humanas (es de considerar que los humanos y chimpancés comparten el 98% de su genética), no sólo por su organización jerárquica y patriarcal, sino también porque son altamente violentos, siendo que pueden existir lucha de poderes entre individuos y grupos, luchas por territorios, por hembras, intrigas, asesinatos y hasta derrocamientos.

En el caso de los bonobos, nada de eso existe. En su lugar, la conflictividad entre individuos y grupos suele solucionarse de una manera muy práctica: a través del sexo. De hecho, las relaciones sexuales juegan un papel preponderante en las sociedades de bonobos, ya que son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de reconciliación tras los mismos, y como forma de pago mediante favores tanto de machos como de hembras a cambio de comida. Los bonobos son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara (principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral. Los bonobos no forman relaciones estables con parejas individuales. Tampoco parecen discriminar en sus comportamientos sexuales según género o edad, con la posible excepción de las relaciones sexuales entre madres y sus hijos adultos; algunos observadores creen que esos emparejamientos son tabú.

La estrecha relación entre las hembras les permite dominar la estructura social – aunque los machos son físicamente más fuertes, no pueden plantar cara solos a un grupo unido de hembras, y no suelen colaborar entre ellos de esa forma.

Las hembras tienen un tamaño mucho más pequeño que los machos, pero un estatus social mucho mayor. Los encuentros agresivos entre machos y hembras son raros, y estos se muestran tolerantes para con cachorros y crías. El estatus de un macho es un reflejo del de su madre, y el vínculo madre-hijo es con frecuencia muy fuerte, manteniéndose durante toda la vida. Aunque existen jerarquías sociales, el rango de cada individuo no toma un papel tan preponderante como en otras sociedades de primates.

Tanto el chimpancé común como el bonobo evolucionaron del mismo ancestro que dio lugar a los humanos, y sin embargo el bonobo es de las especies más pacíficas y no agresivas de mamíferos que hoy día viven en la tierra. Han desarrollado vías para reducir la violencia que permean toda su sociedad. Nos muestran que la danza evolutiva de la violencia no es inexorable.

Ahora bien, ¿Hay ejemplos similares dentro de los homo sapiens? Desgraciadamente para los machistas, sí. Manuel Lucas Matheu, sexólogo español y presidente de la Sociedad Española de Intervención en Sexología, llevó a cabo un estudio en el que analizó 66 culturas diferentes. Y la conclusión de ese estudio es que las sociedades más pacíficas son aquellas en las que la moral sexual es más flexible y donde lo femenino tiene un papel preponderante. Lo mismos ocurre al contrario, las sociedades reprimidas y donde la mujer tiene un papel secundario, como ocurre en las sociedades occidentalizadas en las que vivimos, son más agresivas.

Los chuukies, una sociedad que el Dr. Matheu estuvo estudiando durante cuatro meses en las Islas Carolinas, en Micronesia, se trata de una sociedad en la que todos los bienes se heredan a través de la línea materna, es decir, es la madre la que determina el poder económico. Frente a la sociedad occidental en la que se da una enorme importancia al tamaño del pene, allí lo que importa es el tamaño de los labios menores de los genitales de la mujer. Mientras que en occidente la menstruación se ha considerado tradicionalmente algo impuro, allí se considera beneficiosa y se emplea con fines curativos.

Y allí, a diferencia también de lo que ocurre en nuestra cultura, es la mujer la que lleva la voz cantante en las relaciones sexuales, la responsable de los encuentros sexuales. Los hombres, por ejemplo, se acercan por las noches gateando a las cabañas de las mujeres, tanto solteras como casadas, e introducen en sus chozas unos palos tallados que permiten a las mujeres identificar a quién pertenece cada uno de ellos. Si a las mujeres les apetece tener relaciones sexuales, se quedan con el palo que corresponda al hombre que les interesa, lo que significa que este puede entrar en su choza. Y así toda las noches. Allí no existen los celos, no existe el concepto de fidelidad, la moral sexual es mucho más relajada. Y todo eso coincide con que es una sociedad muy pacífica, mientras que la sociedad occidental es muy violenta.

Incluso, en Occidente, el sexo jugó un papel importante en las relaciones internacionales hasta el nacimiento de las repúblicas modernas: me refiero a los matrimonios arreglados entre reinos. La posibilidad de establecer alianzas y resolver conflictos, estuvo en la posibilidad de unir familias mediante lazos matrimoniales que dieran a su vez un sucesor. El matrimonio era una táctica común, no solo entre nobles y reyes para adquirir más territorios y poder (como le ocurrió a Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico), sino también para la gente común, para la herencia de bienes y tierras.

Desde tiempos antiguos a la actualidad, las barreras que impiden el "amor libre" son la religión y el Estado. La religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), son religiones monógamas y estrictas, que rechazan toda forma de amor libre. Los Estados tampoco son precisamente formas facilitadoras del amor libre: no permiten el libre tránsito de personas entre los países, su burocracia puede convertir en todo un proceso las relaciones interpersonales, además de negar otro tipo de relaciones entre las personas (matrimonios gay, poligamia y poliamor). La existencia de la religión y el Estado no permiten la posibilidad de establecer ciertas relaciones sociales. Al no existir relaciones sociales o interpersonales, fácilmente se puede crear la intolerancia para con la otra persona. El hecho de relacionarte con otra persona, de hablar con ella, de entenderla ("colocarte en sus zapatos") puede hacer que llegues, si no a quererla, a empatizar con ella. Es decir, la teoría de los bonobos no se encuentra limitada al "acto carnal", sino que nosotros, como seres humanos, tenemos mayores herramientas que los bonobos para reducir la violencia.

La gran diferencia entre la Teoría de los Bonobos y otras teorías de las ciencias sociales, es que más allá de explicar el mundo que nos rodea, lo que se pretende es cambiarlo. Quizás suene jocoso, pero a esta sociedad le hace falta más sexo; y ello no deja de ser lógico: si estás haciendo el amor no podrás estar haciendo la guerra.
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