La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

15 de julio de 2011

Todos Somos Putas

Nunca entendí bien porqué hablan mal de las putas. Ellas sólo venden su cuerpo por una hora, en cambio, el trabajador "honesto" vende tanto su cuerpo, como su mente, y de ser posible, su alma, por ocho horas al día, y nadie dice nada malo sobre él.

Antes que nada, entendamos por "puta" a una persona que se vende a sí misma a cambio de dinero (es decir, existe una transacción), y nos olvidamos de otras acepciones de la palabra "puta", como aquella persona que se acuesta con todo el mundo a cambio de nada (es decir, lo hace por amor al arte).

No faltará aquel que piense que pretendo dignificar el trabajo de la prostitución, pero se equivoca; intento denigrar lo que llaman "trabajos honestos".

He visto que grupos feministas critican este tipo de actividades, o inclusive otras, como las de modelaje y otras profesiones donde las mujeres "muestren carne", y afirman que esto es denigrante para la mujer, porque se la trata como si fuera un producto, una mercancía, un trozo de carne que se exhibe para comprarla, y por supuesto, tienen toda la razón. Sin embargo, esta idea da a entender, que deben existir otros modos "dignos" en que tanto mujeres como hombres pueden venderse a sí mismos, ¿No?

Si analizamos crítica y objetivamente, la prostitución y cualquier otra profesión no son muy diferentes entre sí. ¿Qué hace un obrero sino vender su cuerpo y su fuerza? ¿Qué hace un ingeniero sino vender su mente e inteligencia? ¿Qué hace un hombre cuando acepta un trabajo que va en contra de sus principios sino vender su alma? Es decir, se habla mal de las prostitución, no realmente porque vendan sus cuerpos y se les trate como mercancía, sino porque la venta de este cuerpo tiene connotaciones sexuales. Y este rechazo al sexo, tiene su origen -como cualquier otra depravación- en la idea de que "el sexo es malo", impulsado por las religiones patriarcales como el islam, el cristianismo y judaísmo. En fin, cuando se critica la prostitución se intenta hacer ver, falsamente, que el pecado está en la VENTA de uno mismo, pero el pecado no es la venta, sino el sexo.

En nuestras sociedades, todos los seres humanos somos tratados como mercancía, todos tenemos un precio, que se representa en nuestros sueldos. Cierto, quizás otros trabajadores tienen un mejor ambiente de trabajo que una prostituta, así como también es cierto que una prostituta puede ganar en una semana lo que gana un obrero en un mes, pero eso no es lo relevante. Lo que importa es... ¿Eres una mercancía? ¿Acaso no te vendes cada vez que sales en la mañana a trabajar?

Para mi, ningún trabajo es digno, porque tanto la puta, como el obrero, la sirvienta, el gerente o el  ejecutivo, se venden a sí mismos, de un modo u otro. Y aunque no creo en el pecado, eso debe ser lo más parecido que hay.
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