La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

13 de abril de 2011

Justicia y Cárceles

El año pasado hice mi pasantía en una ONG de Derechos Humanos dedicada principalmente al tema de cárceles, llamada Una Ventana a la Libertad, y entre las principales cosas que puedo decir que aprendí con ello, es la experiencia y la vivencia de la gente que sufre las terribles condiciones de las cárceles venezolanas. No es cosa nueva, desde hace muchos años, las cárceles venezolanas son depósitos de seres humanos, que viven en el hacinamiento, en la inmundicia y en el miedo de morir en cualquier momento. Pero yo no voy a hablar de números, ni estadísticas, ni a contar historias de cárceles, aunque bien podría hacerlo, no es lo que quiero ahora.

Entre los tantos adjetivos que cargo encima, uno de ellos es "abolicionista". ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué quiero abolir? Eso sería las cárceles. Soy de los que apoyan que las cárceles no deberían existir. (Sí, yo tengo una fascinación por la polémica).

Antes de empezar a explicar mis razones, un poco de historia. Normalmente se piensa que las cárceles tienen la intención de "reformar" al reo o, para ponerlo un poco más vulgar, que salga mejor de lo que entró. Pero si nos vamos a los orígenes de las cárceles, vamos a ver que ellas no tenían una intención "reformadora". Según el reconocido criminólogo y penitenciarista venezolano, Gómez Grillo, "la cárcel, no nació para aplicar tratamiento alguno. Ni siquiera para que el delincuente fuese castigado. La cárcel aparece como una manera de asegurar al transgresor hasta tanto se dictase y cumpliese la pena, que generalmente era de muerte, o de galeras, de mutilación, o de azotes o incluso multa. El encarcelamiento era una medida procesal, no una instancia punitiva. La prisión era un recurso Ad custodiam y no Ad poenam" (1).

Para el siglo XVI, las cosas empiezan a cambiar. El descubrimiento y colonización de nuevos territorios, en las Américas, Asia, África; las epidemias, las guerras, todo eso había incidido muy fuertemente en el volumen de la población europea. Por esa razón, en lugar de matar a un preso, o de mutilarlo e inutilizarlo, no parecía tan buena idea. Lo mejor era sacarle provecho a ese recluso. Dice Gómez Grillo: "Resultaba preferible recluirlos, adiestrarlos en el trabajo productor, imponerles una disciplina de fábrica y explotarles su mano de obra. Conservarles la vida era mejor negocio que ejecutarles". Es así como el capitalismo entra a formar parte en la historia de las cárceles, y como es bastante claro, en ese momento la cárcel tampoco tenía intenciones rehabilitadoras para con los presos, sino sólo su explotación. En cambio, a partir del siglo XVIII, con la aparición de la revolución industrial, la maquina reemplaza al hombre en los procesos de producción, porque lo que ya los reclusos no son tan necesarios en ese sentido. Aquí es cuando la cuestión se torna religiosa. En el mismo siglo, se creo el Hospicio de San Miguel, en Roma, que no sólo tenía el fin de corregir a los jóvenes delincuentes, sino el de servir de asilo para huérfanos y ancianos inválidos. A los reclusos se les enseñaba un oficio, e instrucción elemental y religiosa. Su objetivo era claramente moralista y reformista que de tipo económico. Y más o menos ese sería el modo a seguir durante los años siguientes. (No voy a dar una clase de historia eh jeje)

Pero la verdad es que como institución que tiene como objetivo reformar al reo, las cárceles son un rotundo fracaso. De hecho, un preso puede salir mucho peor de lo que entró. ¿Cómo se puede reformar a una persona que vive aislada en el mundo? ¿Que vive en condiciones deplorables? ¿Que vive con el miedo a ser violado, herido o muerto? Lo más probable es que, en lugar de arrepentirse, el preso aprenda a cultivar resentimientos. Para sobrevivir en un mundo de violencia, el preso tiene que ser agresivo. Es la superviviencia del más apto: el fuerte sobrevive, el débil perece. Por esa razón los índices de reincidencia suelen ser muy altos en la mayoría de los países. La cárcel es un fracaso como institución reformadora, y como tal, debe desaparecer. Como ya hemos visto, en un principio, las cárceles nunca fueron creados con la intención de reformar, y creer que eso se puede lograr a través de una cárcel, es como creer que se puede hacer jardinería con un lanzallamas.

"Sin cárcel, ¿Entonces qué? ¿Qué todos los delincuentes ronden libre por ahí?" -es la pregunta que se hace una persona normal-. Pues yo respondería que sí, pero no sería objetivo si no les dijese que existen medidas substitutivas a la privación de libertad. No es tan descabellado, y lo hemos visto por televisión. Les nombro algunas medidas de la legislación venezolana (2):
1. La detención domiciliaria en su propio domicilio o en custodia de otra persona, sin vigilancia alguna o con la que el tribunal ordene;
2. La obligación de someterse al cuidado o vigilancia de una persona o institución determinada, la que informará regularmente al tribunal;
3. La presentación periódica ante el tribunal o la autoridad que aquel designe;
4. La prohibición de salir sin autorización del país, de la localidad en la cual reside o del ámbito territorial que fije el tribunal;
5. La prohibición de concurrir a determinadas reuniones o lugares;
6. La prohibición de comunicarse con personas determinadas, siempre que no se afecte el derecho a la defensa;
7. El abandono inmediato del domicilio si se trata de agresiones a mujeres o niños, o de delitos sexuales, cuando la víctima conviva con el imputado;
8. La prestación de una caución económica adecuada, de posible cumplimiento por el propio imputado o por otra persona, atendiendo al principio de proporcionalidad, mediante depósito de dinero, valores, fianza de dos o más personas idóneas o garantías reales;
9. Cualquier otra medida preventiva o cautelar que el tribunal, mediante auto razonado, estime procedente o necesaria.
Por supuesto, esto siempre considerando la gravedad del delito cometido. Es decir, aquella persona que ha cometido un delito muy grave, lo más seguro es que se le prive de su libertad.

A muchas personas, estas medidas substitutivas, o la reforma del preso, o la desaparición de las cárceles, puede resultarles absurdo, porque la idea de la cárcel no es la de reformar, sino la de castigar. Aquí es donde el castigo, representado en la cárcel, se asocia con la justicia.

Cuando una madre, a quien su hijo le ha sido asesinado por algún maleante, no exige que se reforme al sujeto que mató a su hijo, exige "justicia", exige que se le castigue. Pero lo que la señora en cuestión lo que demanda no es realmente justicia, sino venganza. Según el DRAE:
Venganza.
1. f. Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos.
2. f. desus. Castigo, pena.
La justicia tiene muchas connotaciones, pero al menos desde mi punto de vista, tengo claro que la justicia no es venganza. La justicia es todo aquello que es equitativo para todos.

Volviendo al caso de la señora y su hijo muerto, el exigir un castigo para una persona que le ha hecho daño, no resarce el daño cometido en algún modo. ¿Cómo una persona puede resarcir sus errores encerrado en una prisión? ¿En qué momento los va a resarcir? Si la persona que cometió el agravio, se dedica a hacer servicio comunitario, a ayudar a la familia agravada, o una remuneración económica, o lo que más les guste, en ese caso se podría decir que el delito se puede enmendar, pero en la cárcel no se enmienda nada. La verdad, es que lo que conocemos como "justicia" no es más que la satisfacción de ver sufrir a una persona que nos ha hecho daño, lo que a mi me resulta bastante enfermizo, pero que se ve normalizado en nuestras sociedades, inclusive en la TV, el cine, y hasta los superhéroes representan esa necesidad enfermiza de hacer sufrir a quien hace daño. "Dejen que se pudra en la cárcel" es una frase muy común de película, que muy claramente no tiene la intención de que el delincuente mejore su estilo de vida para convertirse en una mejor persona... A menos que yo no haya entendido la frase.

Incluso la dicotomía cielo-infierno representa esa necesidad enfermiza de venganza, confundida con justicia. Por ejemplo, he escuchado a personas decir que, si alguien no paga sus agravios en la vida, Dios se las hará pagar en el otro mundo. Independientemente de si la existencia del cielo o el infierno es verdadera o no, a la gente le consuela saber que el alma de una persona que le ha hecho daño, irá a parar a un lugar donde estará condenado al fuego eterno, donde sufrirá, gritará, por toda la eternidad. Por eso para mi el cristianismo es una religión contradictoria, por no decir bipolar, pues por un lado habla del amor al prójimo, y por el otro lado habla de la condenación y el sufrimiento eterno, que no son para nada compatibles. Pero no me meto más en el tema religioso.

A veces creemos que la sociedad humana ha evolucionado mucho, pero la verdad es que no tanto. Todavía vivimos en una sociedad arcaica, donde los problemas se solucionan a través del uso de la violencia, la amenaza y el sufrimiento ajeno.
“Es preciso para un gobierno castigar a los que violan las leyes de la sociedad, hay muchas cosas que decir sobre eso, lo que hace difícil tratarlo por incidencia. Cuanto más estudiamos la cuestión, tanto más estamos obligados a afirmar que la sociedad, en si, es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella; y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tales hechos; solamente puede hacerlo una reorganización de la sociedad misma”. (Pedro Kropotkin)

 “Las tres cuartas partes de los delitos que son juzgados por los tribunales cada año tienen su origen, o directa o indirectamente, en la desorganización actual de la sociedad, en lo que se refiere a la producción y distribución de la riqueza, y no en la perversidad de la naturaleza humana. En cuanto a los relativamente pocos delitos antisociales que resultan de inclinaciones antisociales de individuos, no es por las cárceles ni tampoco por el verdugo como podemos disminuir su número. Por nuestras cárceles, tan solo los multiplicamos y los empeoramos. Por nuestros agentes de policía secreta, nuestro -precio por la sangre-, nuestras ejecuciones y nuestras prisiones, propagamos en la sociedad una corriente tan terrible de las pasiones y odios más bajos, que el que se diera cuenta de los efectos de estas instituciones en toda su extensión tendría miedo de lo que la sociedad está haciendo bajo el pretexto de mantener la moralidad. Es absolutamente preciso que busquemos otros remedios; y estos remedios han sido ya inclinados desde hace mucho tiempo” (Pedro Kropotkin)

NOTAS:

(1) Elio Gómez Grillo. "Prosa de Prisa para Presos". Pag. 9.
(2) Artículo 256 del Código Orgánico Procesal Penal venezolano.
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