Un bello día transcurre ante los ojos de todos, cálido como corresponde a una zona del trópico, pero ni muy caliente ni muy templado. ¡Cómo un atardecer en la playa a pleno medio día!
Oscar estaba de nuevo ese día en el parque, decidido a encontrar ese lugar ideal sobre el cuál trazaría su próximo cuadro. ¡El buscaba la imagen perfecta!
Realmente era un bello día, y era un hermoso parque, pero con lo quisquilloso y poco decisivo que puede ser Oscar, todo lugar era siempre mejor que el anterior, pero peor que el próximo. La leve desventaja de querer ser perfeccionista, es la falta de decisión; lo cual desgraciadamente implica "imperfección".
Paseó por casi todo posible escenario. En las cercanías de un lago, hacia la izquierda de su ya cansada presencia física, vio a otro artista pintando la bella imagen de dos cisnes navegando lado a lado en el parque, pero rechazó aquello, esto le pareció un retrato forzado: ¡No había cisnes en aquel lago! Además, aquello le parecía más un "Momento Kodak", algo vulgar en su opinión: Se notaba fácilmente que el artista mostraba a los demás lo que querían ver, pero ni el mismo creía en lo que pintaba. Era una pintura que mostraba una fantasía (por no decir mentiras), cuando la realidad es otra distinta. Incluso se puso a enumerar todas las cosas que carecía aquella pintura, colocando a la pasión como primera.
Así vagó Oscar en busca de otros caminos, que al menos le sirvan como musa. Dio vueltas alrededor del sitio, empezando a acostumbrarse a la idea de que no encontraría nada lo suficientemente bueno. Incluso se prometió así mismo no dedicarse a pintar hasta no encontrar aquel lugar "Perfecto". Llegó hasta el centro del parque, justo al centro del parque, vio a una muchacha más joven que él, ella estaba viendo al cielo al momento que él llegó, abrió sus brazos y observó a su alrededor, dio unas vueltas para finalmente caer rendida en el suelo.
Oscar se le acerca para asegurarse de que se encuentre bien. Sí, se encontraba bien, no era nada para preocuparse, tan solo fue el mareo lo que la hizo caer al piso. Era una joven de facciones delicadas, aunque se le podía notar que el "desorden" era uno de los atributos de su personalidad. Tenía una especie de aura rebelde que comúnmente se suele ver en la juventud. Oscar no puede evitar acercarse. Su curiosidad seguramente algún día lo matará.
- Hola -Oscar le interrumpe su descanso-, no pude evitar observarte, y me ha dado un poco de curiosidad: ¿Que estabas haciendo?
- ¿Yo? -Le replica con algo de sorpresa- ¿Estoy cansada de ver estos muros a mi alrededor?
- ¿Muros? -Oscar no puede evitar su extrañeza- ¿Cuales muros?, a nuestro alrededor sólo existen árboles, pasto, gente, perros, y perros con forma de gente -Oscar no sería Oscar si no dijera un sarcasmo.
- ¡Claro que hay muros! Sé que son difíciles de ver, y quizás nunca los veas, pero se lo aseguro, allí están.- ella le responde con sutileza.
- Ok, tal vez en algún momento los vea...-continúa con su acostumbrado sarcasmo-, ¿Puedo saber tu nombre?...
- Me llamo Ariadna, Ariadna Sofía.- A Oscar le pareció un bonito nombre. Se preguntó a sí mismo si ella sabía lo que su nombre significaba.
- ¿Eres una graffitera?- Oscar le pregunta mientras le señala las latas de pintura en aerosol que tenía alrededor.
- No, solamente me gusta estar rodeada de latas -no tardó mucho para que ella le devolviera el sarcasmo.
- Jaja, que gracioso. -Se burla un poco de sí mismo. No puede negar que no se lo había buscado.- Yo soy Oscar, y tengo delirios de pintor.
- ¿Y por qué no te veo pintando, Oscar?- le pregunta ella con algo de picardía.
- No he encontrado la musa de mi inspiración.
- ¿Y esperas encontrarla aquí?
- No realmente, ya me estoy haciendo escéptico, pero no puedo negar las posibilidades.
- Por qué no dejas de buscar y vas directo al grano: ¿Que es lo que quieres? -Ella le responde como si tuviera autoridad en la materia.
- ¿Que es lo que quiero?- repite la frase dubitativamente-, ehh.... ¿Tengo un comodín? ¿Puedo llamar a un amigo?
- Consúltalo con la almohada sí así lo quieres. Sólo piensa en aquello que más deseas en este mundo...
- ¿A mí?... ehh... Ok, yo, desde hace muchos años, he tenido este extraño sentimiento, se siente cómo un ardor desde mi piel hasta los huesos -se observa sus maltratadas manos- , por todo lo que ocurre dentro de mi vida, por todo lo que ocurre fuera de ella. Es una sensación de impotencia, de no poder hacer nada, de rabia hacia todo aquello que me impide lograr lo que quiero. A veces pienso que Buda tiene razón: la vida es puro sufrimiento. Siento las injusticias aún cuando no las estoy viendo. ¡Pero gracias a Dios que no las veo! Mi ignorancia mantiene la poca felicidad que me queda... "Destruirlos", sí, destruir todo aquello que no me deja ver; sí, es lo que yo quiero, hacerlos caer, hacerlos polvo... -Hace una leve pausa y se expresa con desilusión- ¡Pero no sé cómo lograrlo! Los puedo sentir, pero no los puedo ver...
Ella toma osadamente uno de los pinceles que sobresale del bolso de Oscar, lo apunta al aire con cierta gracia y exclama:
- Cada uno de nosotros somos un artista, y el mundo que conocemos cómo la realidad, es nuestro lienzo. La mayoría de nosotros, tal vez sólo tracemos una simple línea, pero juntos podemos formar una obra de arte. El problema está en inspirar al resto de los artistas para pintar. Pero para cuando por fin encuentren la inspiración, una obra de hermosos colores surgirá en el lienzo... ¡Y que mejor nombre que el de "justicia" para una obra de arte en su máxima expresión! Es bien cierto, el arte hay que sufrirlo, en especial aquella con el nombre ideal, pero sufrir es aquello que te dice que todavía estas vivo: ¡Podemos seguir pintando! Y ese "ardor" que se siente, será el combustible que impulse nuestro motor...
Este discurso tan emotivo, hizo cambio en los ojos de Oscar. La luz cambió de color, una claridad se hizo frente a él, los estaba viendo, aquello de lo que ella hablaba al principio, tenían forma fantasmal, conforme pasaba el tiempo era más fácil verlos. No entendía cómo no los había visto antes... eran los muros. Muros que cada día crecen ladrillo a ladrillo, quitando la poca luz que nos ilumina. Finalmente, lo muros se hicieron completamente sólidos, y era capaz incluso de notar hasta el más ínfimo detalle. Ya no podía ver el parque, sino solamente muros...
Ariadna sujeta una de las latas de pintura, se la entrega a Oscar, que la acepta calladamente. Ella toma otra lata para ella.
- Sé que los puedes ver... -le dice ella- Ven y pinta conmigo...
Ella se acerca sin apuros, y empieza a pintar una enorme "X" en los muros hasta donde puede alcanzar. Esta tenía un color negro, como si cada gota de pintura estuviera impregnada con la conciencia del rechazo. Oscar hace lo mismo, y lo hacen con cada muro que los rodea.
Exactamente cuando Oscar piensa que el día no puede ser más bizarro, su mente parece sincronizarse con la de Ariadna. Ambos cierran su puño y observan sus manos. Ambos arremeten con una sincronización casi perfecta contra el muro. El muro empieza a resquebrajarse, era como si detrás de cada golpe estuviera respaldado por un millar de otros como ellos. Y el polvo se hizo muy pronto, tal y cómo quería Oscar, pero pronto también se disipó.
- ¿Que te parece?- Dice Ariadna Sofía con mucha seguridad de sí misma. Esto le hace recordar a Oscar, que el nombre "Ariadna" proviene del griego que significa "Pureza", en cambio, "Sofía" viene del latín, que significa "Sabiduría"; bonito nombre porque significa "Pura sabiduría". Pero ella vuelve a interrumpir sus pensamientos y dice:
- ¿Es esa la imagen perfecta que buscabas?...














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