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1 de octubre de 2019

La gran estafa del amor romántico


Nos estafaron. Nos hicieron creer que el amor romántico es el amor más poderoso que existe. Nos lo repiten una y otra vez en novelas, canciones y películas. Pero, en realidad, en la forma en que están concebidas, las relaciones "románticas" son una forma de amor menos estable que una amistad.

Un ejemplo sencillo: A un amigo o amiga se le puede contar todo. A una pareja no. Y es que el novio(a) o esposo(a) no es un amigo(a), sino un contrincante. Son relaciones en la que existe una lucha constante de poderes por el control de la relación o del otro. Y no sólo hablo de parejas monógamas (heterosexuales u homosexuales), sino también poliamorosas (varias parejas con el acuerdo y consentimiento de todos los involucrados). El “amor romántico” es visto como como la posesión de una persona, y no como una relación libre en el que las partes se apoyan mutuamente.

Me fue particularmente difícil hacerle entender esto a parejas que tuve en el pasado, ya que yo abiertamente me ofrecía y prefería tener más una amistad que un noviazgo. Les parecía ofensivo, en realidad, como si les ofreciera mucho menos de sus expectativas. Pero es todo lo contrario, la amistad ofrece mucho más que una relación de pareja.

Inclusive, no necesito encuestas ni estadísticas para decir que en la gran mayoría de los casos, la mayoría de las parejas no son amigos. Por lo general, si uno quiere desahogarse o resolver algún problema de la vida, lo realiza no con su pareja sino con algún amig@ cercano.

Quizás me faltó una buena comunicación, pero cuando les decía a mis antiguas parejas que prefería una amistad, me refería a que quería ser su mejor amigo, que podían decirme todo lo que quisieran, que siempre iba a estar ahí cuando lo necesitase, y que pase lo que pase no le iba a juzgar; y todo ello con los mismos beneficios de una pareja romántica, háblese de sexo, romance, discusiones sobre el asiento del inodoro y sobre quien olvidó pagar la cuenta de la TV por cable.

Otro gran inconveniente con aquellas antiguas parejas es que no hablamos en el mismo lenguaje. La palabra "amistad" suena peor que "noviazgo" porque la segunda se asocia a "compromiso", mientras que la primera no, aunque sea todo lo contrario. Esto es algo normal en una sociedad que se enfoca más en las formas que en el contenido: lo que importa es tener el título "novio/novia" o "esposo/esposa", y no tanto si aquella relación es sana y fundamentada en el respeto mutuo. Es decir, poco me interesaba el título que tuviere la relación, podías llamarle noviazgo, principado o dictadura del proletariado, lo que me importaba es que el contenido de esa relación estuviera fundamentada en la amistad.

Esto tampoco es una idea descabellada ni mucho menos nueva, de hecho, las relaciones de pareja que iniciaron como una amistad se han probado como más duraderas que aquellas que inician bajo la frivolidad de la atracción sexual. Según un estudio publicado por The National Bureau of Economic Research en diciembre de 2014, muestra que todos aquellos matrimonios que son duraderos y felices suelen ser el resultado de una amistad previa. A la misma conclusión llegaron investigadores de la Universidad de Texas y de la Universidad de Northwestern: las parejas que tienen una amistad antes de salir forman una impresión de la otra persona más estable y no solo un “ideal”, de cómo les gustaría que fuera. De esta forma, tienden a tener menos problemas por conductas inesperadas por parte de su pareja, dado que ya poseen una base más fuerte para saber cómo reaccionará ante diferentes panoramas.

De igual manera, los científicos descubrieron que aquellas parejas que habían sido amigos antes de salir, tenían un mayor intervalo de atractivo, en relación a aquellos que no lo habían sido. Por otra parte, las parejas que habían empezado a salir sin conocerse demasiado, tendían a estar compuestas por individuos igualmente atractivos. En otras palabras: los periodos más largos de familiaridad con una persona producen impresiones románticas que se basan en un atractivo único e idiosincrásico y no solo en la apariencia.

Es decir, puede que uno de los miembros de la pareja sea considerado más atractivo, pero más por factores como su personalidad, sus valores, sus creencias o los pasatiempos que tiene. Ser amigos antes de ser novios para darse la oportunidad de conocerse mejor puede hacer que la unión de dos personas sea hasta más estable, porque la base de esa relación va más allá de lo físico. 

Inclusive, muchas relaciones de pareja se inician en base a mentiras, es decir, en impresiones falsas o incompletas de lo que verdaderamente son. Por ejemplo, aparentar que a uno le gusta determinada música sólo porque al otro le gusta. Así, los individuos no se muestran como verdaderamente son, sino como una versión idealizada de sí mismos con la finalidad de ser más atractivos para el otro.

Aunque suene divertido, tengo una amiga que sentía verdadera vergüenza por pedorrear frente a su esposo. Me pareció tan triste que se sintiera tan incapaz de realizar una acción completamente natural frente a una persona que —supuestamente— ama (la otra persona debe amar todo de ti, incluyendo tus pedos). Así que no me sorprendí cuando un año después me dijo que se habían separado. Y aclaro, no fue por pedorra, sino porque no había confianza entre ellos (eso creo, al menos).

Pero como dije al principio, culturalmente resulta muy difícil salir de los esquemas mentales que nos han impuesto sobre el amor, pero que en la mayoría de los casos está destinada al fracaso. Empero, esto no quiere decir que debemos emparejarnos con nuestros amigos de la infancia, sino que si vamos a iniciar una relación con alguien, que sea bajo los mismos términos en los que se fundamenta una relación de amistad.

Aunque no está demás preguntar: ¿Ya podemos abolir la friendzone?


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