La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

5 de agosto de 2011

Debatir sin Morir ni Matar en el intento

No es nada fácil entrar en una conversación con alguien y que esta no termine en insultos y enojos entre las partes, y sobre todo, si los temas de discusión son bastante "delicados" o "polémicos", como por lo general lo suelen ser los temas religiosos, culturales y políticos. Lo que pretendo hacer es dar algunos puntos a tomar en cuenta, no sólo para evitar el contratiempo de ofender al interlocutor, sino también para encontrar contradicciones en el discurso del contrario y, digámoslo de alguna manera, "ganar la discusión" (así entre comillas).

A menos que no nos importe ofender a medio mundo y que ya nadie nos llame ni para saludar, entonces lo más importante es dejar claro que nuestros argumentos no son un ataque personal hacia tu interlocutor, sino que es sencillamente una afirmación con respecto a una idea o un acto. Es normal que cuando realizamos una crítica hacia algo que una persona crea o haga, esta se sienta ofendida, porque ¡Por supuesto! Esa persona puede sentirse muy apegada a una idea o un acto, por lo que muy seguramente vamos a herir sus sentimientos. Ahora bien, aunque la vía más sencilla para no herir los sentimientos del prójimo es no decir nada, no podemos considerar esta como una opción válida. Por un lado, nuestra opinión es tan válida como la de cualquier otra persona, por lo tanto estamos en nuestro derecho de expresarnos y de ser escuchados; y por el otro lado, si la otra persona se enoja por nuestras ideas, eso quiere decir que ella necesita empezar a madurar, porque parte de la madurez significa comprender las necesidades del otro. De igual modo, es importante tener en cuenta que esto puede ocurrir al contrario, porque así como pongamos en duda las creencias ajenas, alguien también lo hará con las nuestras. Lo importante es no confundirnos a nosotros mismos con nuestras ideas. De ese modo, si alguien critica a tu Dios, o a tu partido, o a tu ideología, o a tus costumbres, creencias, etc, no hay razón para sentirse ofendido, porque la crítica va dirigida a dicha idea, y no a tu persona -independientemente de si eres practicante de ella-.

Ya iniciada la discusión, algo muy bueno a tomar en cuenta es evitar el uso de adjetivos calificativos (insultos) hacia tu interlocutor, aún si el interlocutor las haya iniciado. Yo creo que podría decirse que existe una especie de ley general que dice que una persona que empieza a decir insultos y toda clase de improperios, es porque se le han agotado todos los argumentos. Además, evitar los insultos hace que otros participantes u observadores simpaticen contigo, aún cuando no estén de acuerdo con tus argumentos, y por supuesto, provoca la reacción contraria en el interlocutor abusivo.

Si estás metido en este lío, es porque me imagino que tienes suficiente conocimiento al respecto, y no sólo como para respaldar tu propia opinión, sino inclusive para respaldar la opinión contraria si así lo quisieras. Esta no es una condición esencial, pero puede ayudar bastante, ya que de ese modo te puedes atrever a "jugar en el campo del equipo contrario". Conocer de antemano todo lo que piensa el interlocutor es una ventaja, puesto que sólo te dedicas a señalar las contradicciones que ya debiste haber considerado. Y esto se hace más fácil una vez que reconozcas la ideología del contrario, puesto que TODAS las ideologías tienen al menos una contradicción. Es decir, por ejemplo, si estás criticando al ateísmo, entonces lo mejor es "jugar dentro de su campo", y utilizar argumentos estrictamente racionales (física, biología, química, filosofía, etc), evitando comentar experiencias personales como la "fe", y -SOBRE TODO- evitar comentar los dogmatismos morales y religiosos de la ideología. Es decir, es necesario abstraerse de lo que uno cree. (He visto a unos cuantos cristianos haciendo esto, y -a veces- les funciona). En el caso contrario, si criticas la religión cristiana, te puedo asegurar que tu mejor amigo va a ser la biblia, pero no estoy aquí para explicar porqué (Te dejo esto para que curiosear).

Ahora bien, también puede ocurrir que nosotros no estemos lo suficientemente informados sobre un tema -cosa que le ocurre a todos-, por lo que ya tenemos una leve desventaja. Sin embargo, no todo está perdido, ya que esta vez haremos lo contrario: "vamos a jugar en nuestro campo", y no sólo eso, sino que vamos a exigir una discusión estrictamente "lógica" (¡tan lindo yo presumiendo que tu posición es lógica!). Suele ocurrir que, tanto nuestro interlocutor o nosotros mismos, nos salgamos un poco o demasiado del tema de discusión, por lo que es bueno pedir que se vuelva a centrar el tema, sin importar si quedan dudas sin responder. Lo que importa es el tema central. Si yo afirmo que "el chavismo impone el culto a la personalidad" ante un chavista, entonces no puedo dejar que el tema caiga en "las buenas obras que ha hecho el gobierno bolivariano por el pueblo venezolano", que de hecho, no tienen relación alguna. El tema central sería: "¿Hay culto a la personalidad en Venezuela?", y ambas partes deben debatir dentro de esos límites, sin salirse de repente de ellos para hablar de las alpargatas del señor presidente.

Tanto si tenemos o no suficientes conocimientos sobre un tema, lo ideal es ser lo más lógico posible, porque muchas veces una afirmación se puede contradecir por su mala construcción lógica. Aquí la palabra clave es "falacia". Una falacia o sofisma es, según la definición tradicional, un patrón de razonamiento incorrecto que aparenta ser correcto. Un ejemplo puede ser:
1. Pedro es amable (ohh... me gusta la gente amable).
2. Pedro dijo que Ricardo es mala gente (Ohh... no me agrada la gente mala).
3. Por tanto, Ricardo debe ser mala gente.
Creo que es bastante obvio que, porque Pedro sea amable, no quiere decir que tiene la razón al afirmar que Ricardo debe ser mala gente. Quizás Ricardo lo sea, o quizás no lo es, por esa razón ese es un argumento falaz. Es importante tener en cuenta que el hecho de que el argumento sea falaz no quiere decir que la conclusión ("Ricardo es mala gente") sea falsa, sólo quiere decir que la lógica no ha sido bien construida.

Entendiendo como funcionan las falacias, es bueno indicarle al interlocutor cuales son las que ha cometido. Existen toda una lista de falacias lógicas, como por ejemplo, ad hominem, ad verecundiam, ad ignorantiam, ad populum, Reductio ad absurdum, Argumento ad baculum, y sólo por mencionar las más usadas. Con ello, tu interlocutor tendrá más cuidado al hacer sus afirmaciones, y por supuesto, esto va a generar que haga lo mismo con nosotros. Sin embargo, sí somos lógicos, no habría nada que temer.

Siempre hay que tener en cuenta de que NO SOMOS DUEÑOS DE LA VERDAD, por lo que es probable que estemos equivocados. A muchos no le gusta admitir que se han equivocado en algo, porque a veces admitir un error significa perder el debate. Sin embargo, esto no siempre es así, porque que yo haya tenido un error no quiere decir que mi afirmación inicial no sea cierta (¡Ven cómo funciona señalar las falacias!). En ese caso, si nos equivocamos en alguno de nuestros planteamientos -cosa que le ocurre a cualquiera-, lo mejor es reconocer rápidamente el error y corregirnos. Admitir errores demuestra madurez, y tu interlocutor apreciará estar charlando con una persona razonable, y este se verá en la necesidad de corresponderte del mismo modo.

Muchas veces, al perder un debate, se pierde más que eso, puesto que todas nuestras creencias y convicciones por las que hemos luchado toda nuestra vida, puede que al final sean falsas. Es como darse cuenta de que toda tu vida ha sido una mentira. Pero yo no estoy aquí para decir qué es verdadero, falso, bonito o feo, sino para exponer algunas de las cosas que he aprendido al debatir y que ayudan a evitar algo que me parece mucho peor que darse cuenta de que toda mi vida he vivido una mentira, y eso es dejar una amistad por debatir un tema que esconde unas convicciones tontas.
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