La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

15 de octubre de 2010

El Rescate de los 33 Mineros

Lo siguiente es un texto que me llegó al correo y deseo difundir para ampliar los puntos de vista sobre el tema de los mineros en Chile.

Ellos resistieron heroicamente, el derechista Piñera es un hipócrita

En los momentos en que se escribe esta nota, han sido rescatados los 33 mineros de la mina San José en la III Región del país, que se encontraban atrapados a más de 600 metros de profundidad, tras un derrumbe ocurrido el 5 de agosto. No fue un accidente, sino una negligencia empresaria y gubernamental por las míseras condiciones laborales y de infraestructura que se dan en la mina. Más de 1.000 millones de personas siguieron por TV el rescate, siendo un verdadero espectáculo internacional. Más de 4.000 personas siguieron con felicidad el rescate a los mineros, en la plaza central de Copiapó. En estos momentos se escuchan bocinas de celebración.

Desde Clase contra Clase somos parte de esta alegría de que los 33 mineros heroicos fueran rescatados con vida. Pero esta alegría genuina de cientos de miles de trabajadores de ver a los mineros salir con vida tras 70 días de entierro, es muy diferente a la de los empresarios, el gobierno y los medios de comunicación que realizan una enorme campaña mediática para mostrar la buena “gestión” del gobierno de la derecha y el hipócrita discurso de la unidad nacional, escondiendo las verdaderas causas de este derrumbe, del que también es responsable el anterior gobierno de la Concertación, de Michele Bachelet que habilitó esa verdadera trampa mortal que es la mina San José.

El derrumbe es producto de las míseras condiciones laborales...

La situación en la minera San José, era bastante conocida por el estado y las autoridades. El Servicio Nacional de Geología y Minas (Sernageomin, organismo que se encarga de “fiscalizar” la seguridad laboral) durante años venía cursando multas a la empresa, e incluso la había cerrado durante un año por las pésimas condiciones en que se encontraba la mina donde trabajaban más de 350 obreros. La Dirección del Trabajo la tenía catalogada como una “explotación insegura”. En los últimos 4 años en la mina hubo 3 muertos. En 2006 hubo un accidente que causó lesiones a 182 trabajadores, sin que se cerrara la mina, y cursando sólo multas a los dueños. En 2006 el Sernageomin dispuso su cierre temporal y el año 2007 su cierre definitivo. Sin embargo, el 30 de mayo del 2008 se autorizó la reapertura. El propio ex director regional del Sernageomin declaró tras el derrumbe del 5 de agosto, que “esa mina no debió ser reabierta nunca” y reconoció presiones empresariales y políticas para su reapertura. Entre 2000 y 2003 hubo más de diez denuncias de los trabajadores. ¿Alguna vez los escucharon? Ninguna. Los procesos de fiscalización que hacían notar los riesgos ante accidentes o alguna catástrofe terminaron en simples multas. La última muerte ocurrida el 3 de Julio, terminó con el pago de indemnización a la familia afectada y multas menores, además de arraigo a los dueños de la empresa (que no han respondido ante los hechos y el día del accidente con total descaro dieron aviso de la noticia 5 horas después del derrumbe).

Las malas condiciones de trabajo eran conocidas: en distintos informes se conocía que la chimenea de escape carecía de peldaños. Es decir, no existía chimenea de escape ante algún accidente o derrumbe. Según los ingenieros en minas, había un fuerte grado de sobre-explotación del yacimiento.

Esta situación no es aislada. En más del 90% de las mineras del país no existe vía de evacuación. A nivel nacional, sólo hay 16 “fiscalizadores” para más de 4.500 explotaciones mineras. En Copiapó había solo 4 fiscalizadores para más de 300 minas, y dos de ellos cumplían labores administrativas. Un verdadero chiste.

En los últimos 18 meses, 350 mineros han fallecido en sus lugares de trabajo. Esta es la realidad de miles de mineros que trabajan en malas condiciones. En entrevista estos días en la prensa era lugar común en la mayoría de los familiares decir que “la paga es mejor, pero es más peligrosa” .

...y de las millonarias ganancias patronales

Y todo esto contrasta con las enormes ganancias que vienen teniendo las empresas mineras en el país. Sólo en el primer semestre de este año registraron ganancias equivalente a U$4.656 millones, representando un alza del 70% respecto año anterior. Por otro lado, la inversión en seguridad laboral e infraestructura alcanza menos del 5% de las utilidades netas de la minería.

Por otra parte, la enorme precarización a los obreros de la minería ha ido en aumento. Desde el año 1985 al año 2006 los trabajadores contratistas en la minería (trabajadores contratados por empresas que mantienen contratos de servicios de las grandes mineras y realizan el mismo trabajo por sueldos hasta 4 veces inferiores a los trabajadores de planta y los más precarizados) han pasado de 3.174 a 85.891, superando en casi el doble a los trabajadores de planta. Esto le ha permitido tener enormes negocios a las mineras, desvinculando trabajadores y contratando servicios con empresas externas (subcontratistas) para reducir costos de producción y reducir costos en seguridad en las faenas.

El gobierno de la derecha lanza una fuerte campaña reaccionaria

El rescate de los 33 mineros enterrados fue una gran excusa para que el gobierno desarrollara una fuerte campaña mediática para aparecer cómo “héroes” del rescate. Después de ser cómplice del “accidente”, después de haberlos dado por muertos, sólo asumió el rescate cuando los heroicos mineros hicieron saber que estaban con vida.

Apenas se supo de que los 33 obreros estaban con vida, el gobierno del multimillonario y derechista Sebastián Piñera (que cuenta un patrimonio de U$1.000 millones, el empresario más millonario de Chile) realizó un show mediático por todo el mundo con el papelito que escribieron los mineros de que estaban con vida y realizó una fuerte campaña de “unidad nacional” entre empresarios, trabajadores, políticos patronales y el estado. El gobierno cómplice, se mostró como “protector” de los derechos laborales exigiendo la renuncia del director del Sernageomin e incrementando los fiscalizadores, además de anunciar una serie de cierres temporales de minas que no cumplían con las condiciones mínimas de seguridad. Además, impulsó una fuerte campaña de mostrar a las Fuerzas Armadas, instituciones del gobierno, los carabineros y los empresarios privados como “ayudantes” del rescate a los mineros, siendo parte de este clima reaccionario de “unidad nacional” entre explotadores y explotados.

Y la prensa nacional se ha convertido en un gran aliado del gobierno derechista, montando junto a él, la campaña de “unidad nacional”.

Todo esto mientras la prensa escondía cualquier dato de los numerosos accidentes laborales y la inexistencia de alguna responsabilidad patronal ante el derrumbe, mostrándola como una tragedia sin causa. La Concertación (la oposición patronal que gobernó antes en Chile) fue aliada del gobierno en este tema, siendo partícipes de la sobre-explotación laboral y las míseras condiciones de trabajo.

Mientras tanto, la empresa se declaró en Estado de Quiebra, despidiendo a 300 mineros de la mina San José que han protestado por el no pago de sus sueldos de septiembre y el no pago de ningún finiquito. El gobierno, escondiendo el hecho, dijo que no se haría cargo de la situación y que éste era un “conflicto entre privados” dejando a la deriva la suerte de los mineros, que aún se mantienen sin sus salarios y sin trabajo, mostrando la farsa del discurso derechista de la “protección de los trabajadores” y la unidad nacional. El gobierno derechista y los gobiernos de la concertación, los empresarios y sus políticos son los culpables de esta tragedia que ha quedado impune. Lamentablemente las direcciones sindicales del PS y el PC no plantearon ninguna política obrera independiente denunciando la responsabilidad de los patrones y sus políticas ante esta tragedia. Al revés, terminaron dando apoyo al gobierno, haciendo mesas de diálogo para resolver juntos estos problemas y suscribiendo esta campaña de “unidad nacional” que deja al gobierno de los empresarios como cercanos a las necesidades de los trabajadores. Ahora Piñera dice demagógicamente que anunciará un “nuevo trato” con los trabajadores, que ya sabemos que es más precarización laboral: el contrato de Primer Empleo que acaban de negociar las direcciones de la CUT (del Partido Comunista y de la concertación) con las grandes patronales; el teletrabajo y ataques a las mujeres trabajadores y la juventud. Es necesario denunciar la demagogia del gobierno derechista que utiliza para encubrir mayores ataques a los derechos de los trabajadores y mayor precarización. Pero esto solo se puede hacer fortaleciendo nuestras organizaciones sindicales luchando por una política independiente para defender nuestros derechos y avanzar contra la precarización laboral, contra la subcontratación y las míseras condiciones de seguridad, desplazando a las direcciones sindicales que llaman a una alianza con la concertación y los responsables de este derrumbe.

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Crítica de medios

El aguante minero, el reality show burgués

Fecha: Jueves 14 de octubre de 2010

Por: Lucho Aguilar

Minutos antes de que Florencio Avalos Silva emergiera de las entrañas de la mina San José, las cadenas BBC, FOX y CNN levantaron su programación. Marcelo Tinelli interrumpió bailes y disputas. A partir de ese momento, 1000 millones de personas dejaron sus ojos clavados en los televisores que traían las imágenes desde Copiapó. La final del último Mundial ‘apenas’ había convocado a 750 millones de televidentes.

La escenografía, a esa altura, era conocida de memoria: la bandera de Chile y la sonrisa de campaña del presidente Sebastián Piñera. Durante horas hubo que soportar los diálogos - casi guionados - con su ministro Lawrence Golborne, ex gerente de la filial de la petrolera norteamericana Exxon Mobil.

Golborne era quien se había tenido que guardar sus palabras a principios de agosto, cuando con lágrimas de cocodrilo había sentenciado ante las cámaras que “las probabilidades de encontrarlos con vida son bajas”. No contaba con la pericia y el oficio de los mineros, que hacía días se las rebuscaban para sobrevivir, buscando escapes, racionando la comida y los medicamentos.

Manos y pantallas

Las manos de Piñera, cultivadas en el cheto -sifrino- barrio Las Condes, sostuvieron el mensaje de esperanza que recorrió el mundo: “estamos vivos en el refugio; los 33”. Lo habían escrito otras manos, curtidas, las de José Ojeda Vidal, conductor de maquinaria pesada. Mario Gómez también se las arregló para mandar la primera carta a las familias que hacían el aguante en el campamento, a pesar de haber perdido tres dedos con una carga de dinamita y sobrellevar una silicosis por trabajar en las minas desde los 12 años. Tiene 63.

Mil quinientos periodistas llegaron de todo el mundo para contar estas historias, y olvidar otras.

Desde que comenzó el operativo rescate, sólo en Chile murieron 8 mineros, en Los Pelambres, Collahuasi y 6 trabajadores en SQM tras una terrible explosión.

Tampoco los medios que llegaron desde Colombia dicen nada de la explosión que se llevó 70 mineros en Antioquia, hace pocas semanas. La CNN estadounidense olvida las 29 víctimas de la mina de Virginia, y Televisa de México a los enterrados en Pasta de Conchos. Mientras comenzaba a bajar la cápsula Fénix, otros 9 mineros morían en una explosión en el noreste de China.

En total suman 4000 mil los mineros muertos cada año. Enterrados en los socavones, envenenados por los gases tóxicos, despatarrados por las explosiones, los noticieros no dicen una palabra de ellos.

La burguesía y sus grandes cadenas televisivas se aprovechan del heroísmo de los mineros chilenos y la alegría del pueblo trabajador para montar un show mediático que oculta la otra parte de la historia.

Piquetas y billetes

La crisis capitalista acelera el saqueo de las multinacionales hasta lo más hondo de la tierra, allí donde los cerros “empiezan a llorar”, como dicen los mineros. Y más, como ahora que el cobre y el oro aumentan sus valores ante la debilidad del dólar.

“El salario del cobre”, había dicho Salvador Allende refiriendo el peso que tenía la minería en Chile. Pero al salario del cobre se lo quedan las empresas privadas, que sólo en el primer semestre tuvieron ganancias por US$ 4.700 millones, casi lo mismo que en todo el año anterior. Si en la época de la nacionalización, la participación de los obreros en la facturación era del 50 %, hoy es del 5 %.

Si 17 mil los trabajadores dependen de las empresas, otros 40 mil están subcontratados.

Es lo que pasaba en la San José. “Por más que el cerro crujiera, que avisara lo que venía, en la empresa la orden - según este minero - era siempre la misma: producción, producción, producción. Esta era la situación de los contratados, no la de los “contratistas” (los empleados tercerizados), que eran despedidos de inmediato si se negaban a trabajar en la zona más crítica” (Página 12).

Al rescate

Para la puesta en escena, Piñera llamó a toda la familia. “A metros de ahí, su hermano, cantante, se paseaba abrazado con el payaso Rolly. Esto no cayó muy bien en los familiares. ‘No sé a qué llegó el hermano del presidente, creerá que esto es un circo. Ninguno de los dos se quiere perder el show en que se ha trasformado esto”, dijo Jesica, cuñada de mineros” (Página 12).

En medio de rezos y frases hechas, de himnos repetidos hasta el cansancio y conferencias ‘bilingües’, Piñera buscó convertir la larga noche minera en el amanecer de un gobierno que ya cosechó varios reclamos populares. Por eso el ‘operativo rescate’ intentó tapar el reclamo de los presos mapuches en huelga de hambre, de los que siguen abandonados tras el terremoto, de millones de chilenos que siguen “bajo tierra”. Y convertirlo en emblema de una “unidad nacional” que esconde lo que le toca a explotados y explotadores en esta historia.

El protagonismo forzado de Piñera no puede ocultar que es parte de una clase social heredera de los asesinos de la masacre de Santa María de Iquique y los matadores de los cordones industriales, que televisa el rescate de 33 mineros para seguir enterrando al resto de la clase obrera.

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